Las fiestas patronales son toda una tradición, quien lo diría si hasta mi comadre consiguió novio en una de esas, pues desde que iniciaba el mes de octubre pasaba ahorrando para la feria de septiembre del siguiente año.

La feria era de aprovechar y andar de cuscas para atraer algún galán eso sí, a escondidas de los papas porque se tenía ir a gastar lo ahorrado durante un año.

La señoritas de ese tiempo para llegar a la feria se preparaban desde un baño hasta el más delicioso perfume.
En algunas ocasiones cuando salían los papas y veían algún buen partido para la hija se aprovechaban de las ellas para degustar algún manjar de gratis que le ofrecía algún patroncito en la feria de aquellos tiempos o un traguito que de tener hijas ya se lo tenía ganado el futuro suegro, así mero era la fiesta de mi lindo Salamá.

Ya entrada la noche se escuchaba en el campo de la feria una música que al gusto del oído le invitaba a bailar, era una marimbita orquesta que el que entraba era para saborear ese encanto de la música bailable que era una fiesta para todo aquel que tuviera para pagar desde un fiestero hasta el mejor empleado de Salamá de esa época.

El Chinique consistía en bailar hasta que el cuerpo y la bolsa aguantaran, la música era imparable, se controlaba el pago con un lazo, dos hombres que lo pasaban de pareja en pareja y un cobrador que dividía la gente que ya había pagado la pieza y los que todavía no, lo importante que pagaran cinco centavos. Algunos pagaban de una vez cinco piezas.

Lo alegre era bailar con las mejores mujeres de la época, allí no había leyes, ni clase social, el problema era que alguno quisiera la mujer del otro y empezaran los jalones disputando ese derecho, allí si se alegraba más porque lo que se quería que no se dejara de tocar la marimba y que los peleoneros salieran de la pista del baile, el ganador del pleito conquistaba el corazón de la mujer.
Al chinique también asistían personas descalzas y para los de la marimba era importante que dichas mujeres permanecieran contentas pues siempre había un anuncio que decía
“por favor todos los varones que están fumando no tirar la chenca del cigarro en el suelo porque se quema el pie de la señorita”.
La marimba orquesta comenzaba a tocar desde las siete de la noche y amanecía con el mismo ritmo, y con el mismo gusto, los marimberos solo se turnaban para descansar un poco y era para ellos un trabajo que solo venía para la feria y oportunidad de hacerse de unos centavitos.

Las mujeres llegaban vestidas con lo mejor que tenían y en esa noche conseguían novio, solo se le hacia la seña que si quería bailar y si ella quería se armaba el fiestón, se medió enamoraba y luego al callejón para amarse con locura hasta algunas terminaban casadas. Antes no había tanta delincuencia, pues si se peleaban en el chinique era novedad y todo el pueblo lo sabía.
Los chiniques de ese tiempo venían a alegrar la feria de Salamá, a veces era más alegre estar allí que en el salón municipal, prácticamente al aire libre, iluminados con lámparas de gas, ocote o candela, solo estaba circulado con lazos, tablas o palos, se miraba la gente que bailaba y disfrutaba el momento, en la actualidad es un horno cerrado con láminas.

Después de una noche de chinique la gente descansaba en los cajones donde esperaban un nuevo amanecer para continuar hasta que la feria pasara. (Los cajones se ubicaban donde ocupa ahora Tema hasta tienda La Equitativa)

Estrada, Delia, Trabajo de campo, Escuela Normal Rural No. 4. Salamá Baja Verapaz.2012.