Mujer Salamateca

A R T E S A N I A S

P A I S A J E S

Agua Caliente

Agua Caliente

 

Desde la época colonial, nuestra patria fue influenciada por la cultura culinaria del viejo continente y los dulces no fueron la excepción, sin embargo, en el proceso de la conquista cultural, la riqueza de las frutas y sabores de la región enriquecieron y sorprendieron el paladar de españoles, criollos y nativos. Dulce mezcla que aún en la actualidad continúa siendo el deleite de los guatemaltecos y sus visitantes.
Siendo el Valle del Urrám uno de los lugares más propicios para el cultivo de la caña de azúcar, se creó una floreciente producción enfocada en la exportación azucarera, así como en la producción de panela para la comercialización en el mercado interno. Hecho que quedó evidenciado para la historia en lo que hoy conocemos como el Museo del Trapiche de San Jerónimo, entre otros trapiches a lo largo de los valles de Baja Verapaz.
Esto generó un fuerte desarrollo en la fabricación de dulces en Salamá, con gran demanda local. Lamentablemente no se cuenta con un inventario que registre los nombres y las recetas de los dulces.

 

Lo cierto es que los dulces típicos que actualmente se fabrican en Salamá, tienen sus raíces en la época colonial y su fabricación artesanal se ha venido heredando de generación en generación. Así recordamos a doña Magdalena Leonardo de Soberanis, Fidelia Caceros y a doña Andelina de Rodríguez, entre otras personas que han ido heredando la tradición de endulzar el paladar de los salamatecos.

Entre los dulces típicos se menciona el mazapán que hacia doña Eulalia Calderón de Córdova; el vuélvete loco, que estaba hecho de sidra; las bolas de tamarindo, los dulces de zapote, piña y camote; la jalea de mora y de piña, que se vendían envueltas en tusa; las canillitas de leche, elaboradas por doña Romelia Reyes de Monzón.
Los caramelos de temperante, morro y los que coloquialmente fueron conocidos como caramelos de lecheburra; las pepitorias a base de manía molida o con dulce de rapadura. Los dulces de café con leche, que hacia doña Magdalena Leonardo. Las chibolas de dulce con manía quebrantada y el astillado o quiebradientes; melcochitas de rapadura y de azúcar elaborados por doña María Josefa Guzmán Valdés. Muñequitos y sapitos de miel y panelitas de azúcar elaborados por doña Carmen Rodríguez de Juárez. Barquillos y rositas elaborados por doña Rebeca Caceros García. Coyoles en dulce y quitandé elaborados por doña Isabel Sánchez.
Nuégados, lima rellena, espumillas y africanos elaborados por la señora Rosario Prera Ramos. Las tartaritas de leche, chilacayote y de higo cristalizado, elaborados por Maritza Córdova Prera. Dulces de coco y manzanillas en conserva elaborados por la señora Mónica Prera.

En la tradición popular de Salamá, es común observar entre las familias de la ciudad y de las aldeas circunvecinas participar en la venta de dulces típicos especialmente en los días de plaza.

Vale la pena mencionar que durante las décadas del cincuenta y sesenta, solamente don Juan Adquí hacía los chupetes que vendía por las calles especialmente durante la Cuaresma y Semana Santa. Época en que por un centavo podían adquirirse: seis caramelos, dos chupetes, ocho lecheburras, dos tusitas con melcochitas, una bola de tamarindo, una rosita, dos barquillos o dos dulces de café con leche.
La elaboración de dulces típicos es un trabajo familiar que constituye una base económica importante de los hogares que los fabrican y que mantienen viva esta tradición que identifica al pueblo salamateco. No obstante, cada vez hay menos personas que los consumen, obligando a las familias a dejar a un lado dicha actividad, por lo que es necesario darlos a conocer y promover el consumo local de los mismos. Sólo así podremos asegurarnos de mantener con vida estas dulces tradiciones de Salamá y de trasladarlas a las nuevas generaciones.