Durante el período prehispánico, el tratamiento que se daba a los difuntos era muy similar al actual, depositando los restos en la tierra, pero con una diferencia, se sepultaba en la propiedad familiar. Con la introducción del cristianismo católico, se impuso la práctica de sepultar en lugar sagrado o camposanto, reservándose el derecho de inhumación a las personas que estuvieran unidas a la Iglesia católica, por lo que no podían ser enterradas personas de otras creencias religiosas.

El primer cementerio de Salamá fue el camposanto situado en la parte oriental de la manzana de la iglesia. No existen referencias sobre el lugar, salvo que tenía una capilla de la que se extrajo un retablo que se encuentra actualmente en el templo. En 1831, dos años después de la expulsión de los religiosos decretada por Francisco Morazán, el gobierno de Mariano Gálvez ordenó la formación de cementerios fuera del perímetro de los centros urbanos (Morales y Chajón, 2006: 9). De esa cuenta, la ex administradora del Cementerio Municipal de Salamá, Gloria Morales, recuerda que hubo necrópolis departamentales en el decenio de 1830 (entrevista, 25 de septiembre de 2014).

Con la caída del régimen de Gálvez, la Iglesia católica recuperó gran parte de sus prerrogativas, aunque los cementerios ya habían sido establecidos. En la capital, el Cementerio General se inauguró en 1881, por lo que se supone que el salamateco empezó a funcionar poco después de ese tiempo. En 1905 se reportó la necesidad de construir un muro perimetral, pues contaba solamente con una cerca, además, se compró por 200 pesos una manzana de terreno para ampliar la necrópolis hacia el occidente (La Baja Verapaz, Salamá, 1 de febrero de 1905, página 2).

El edificio principal, con su capilla, contaba con una fachada historicista, de inspiración neoclásica, con cuatro pilastras, frontón semicircular decorado con un triángulo rodeado de rayos convergentes, espadaña para una campana y una puerta con arco de medio punto. El muro contaba con contrafuertes (Sandoval, 1960: 15; Osorio, 2008: 29). Esta estructura sufrió estragos por el terremoto de 1976 y hubo que reconstruir la parte frontal. La capilla fue remodelada en 2004 (placa conmemorativa), pero continuaron los trabajos hasta 2007 (entrevista a Gloria Morales, 25 de septiembre de 2014).

Las sepulturas, como en todos los cementerios, obedecieron al rango social de los deudos del difunto. Así, los panteones, o sepulturas colectivas, construidos hacia el ingreso, correspondían a familias acomodadas de la población, mientras que los de menos recursos eran enterrados al fondo del Cementerio (entrevista a Gloria Morales, 25 de septiembre de 2014). Contaba con columbarios con nichos para sepulturas (llamados galerías) pero estaban en demolición en 2014. Para su administración, el Cementerio está dividido en 10 Sectores, siendo los dos primeros los más antiguos. La distribución de los panteones, en la calle principal, desde el ingreso, es como aparece a continuación:

Los habitantes aún recuerdan el paredón donde se realizaban los fusilamientos, a un costado del Cementerio, que era de adobe (entrevista a Gloria Morales, 25 de septiembre de 2014). Los registros de inhumación se encuentran en mal estado y están incompletos. El libro más antiguo corresponde a los años de 1931 y 1932. Luego, se encuentran de 1941-1942, 1943, 1957-1973, 1959-1966, 1967, 1967-1971, 1971-1974, 1989, 2002 y 1994-2007. Gracias a los registros, se sabe que, en 1944, las inhumaciones eran clasificadas en mausoleos, nichos municipales, sepulturas gratuitas, sepulturas pagadas y sepulturas por el Hospital.

En 1952, las enfermedades mortales reportadas fueron paludismo, nacimiento prematuro, influenza, asfixia y tos ferina, entre otras. En 1958, el custodio Manuel Leal Gálvez, reportó nichos rotos en los columbarios y panteones abandonados. Un año después, el mismo Leal solicitó la reparación de nichos agrietados de personas fallecidas por viruela.

Entre los personajes sepultados en el Cementerio, se encuentran el maestro Hugo Arnoldo Conde Prera, de quien Juan Carlos Us Juárez recuerda: “Mucha gente vino a su entierro. Daba clases en la Federal, era un gran señor, hasta refacción regalaba, era inolvidable” (entrevista, 21 de octubre de 2014). Además, están los restos del pintor Felino Sarazúa, el escultor Jorge Monzón, Pablo Conde, los miembros de la Guerrilla de Concuá, muertos el 13 de marzo de 1962, uno de los cuales era Rodolfo Heller (entrevista a Raúl Fernández, 21 de octubre de 2014). También se encuentran los restos de Baudilio Santos, presidenciable en tiempo de Estrada Cabrera, tuvo que huir de Guatemala; Víctor García, poeta (entrevista a Walter Boteo, 25 de septiembre de 2014).

Como en todos los cementerios, el de Salamá es un muestrario de estilos arquitectónicos, empezando con el historicista, que estaba en boga a finales del siglo XIX y principios del XX, hasta las tendencias funcionalistas y puramente constructivas (ver fotografías). La capilla fue reconstruida en la tendencia funcionalista.

Fuente: Revista Tradiciones de Guatemala, Centro de Estudios Folklóricos, Universidad San Carlos de Guatemala.