Como todos los pueblos indígenas establecidos a raíz de las Leyes Nuevas de 1542, Salamá organizó su Ayuntamiento, integrado por los descendientes de la nobleza local.El Ayuntamiento debía contar con un edificio propio, conocido como Cabildo, que contaba con una cárcel.

Por ser parte de las autoridades de la corona, la construcción también era conocida como Casas Reales. Y asimismo como Casas Consistoriales. Existen muy pocas referencias al edificio antes de 1817, pero debió ser como las construcciones de la época: varias habitaciones que ocupaban una cuadra, con portal hacia la calle del atrio que, como se vio líneas arriba, se convirtió en la plaza del pueblo.
En 1816 hubo un fuerte sismo que dañó todas las construcciones de Salamá, por lo que se informó sobre los daños y reparaciones realizadas en el edificio. El entonces alcalde mayor de Verapaz, Antonio Casanova informó que era necesaria la reconstrucción. Para apoyar su argumento, requirió el testimonio de Jerónimo Franco, un español residente en Salamá, quien expresó que el edificio debía ser muy antiguo pues “no ha oído decir exista ningún vecino que haya tenido noticia del año en que fabricó” (A1.21.6, legajo 383, expediente 7976, folio 5).

Otros españoles, que vivían en el pueblo, ratificaron los datos, fueron Nicolás Amaya y el administrador de Tabaco, Pío Balido. Para lograr la autorización de la Real Audiencia en el gasto necesario para la obra, pidió informes a los maestros de carpintería, Manuel Martínez, y albañilería, Jacinto Leal, vecino de San Miguel Chicaj.
Según los documentos de Casanova, se había apuntalado gracias a Martínez, con ayuda de los vecinos, indígenas, ladinos y de los mismos reos. Para completar la reparación, Casanova sugirió vender las capillas posas a que se hizo referencia antes, así como ganado perteneciente a la comunidad indígena. La obra se concluyó en 1817 (A1.21.6, legajo 383, expediente 7976; A1.21.6, legajo 2155, expediente 15440). Los fondos se obtuvieron de la hacienda de la comunidad indígena (A1, legajo 384, expediente 7993) y el maestro constructor fue Manuel Quiroa (A1, legajo 384, expediente 8004).
Lamentablemente, para el Ayuntamiento, después de las erogaciones para la construcción, el comandante de armas se apropió del edificio. En 1821, el Ayuntamiento solicitó la devolución de los ambientes, o por lo menos uno, para sus cabildos o reuniones (A1.21.6, legajo 384, expediente 8004). Para esa época, según el alcalde mayor de Verapaz, el edificio no estaba terminado: “Se dejó una pieza de teja con azotea hacia la plaza, de 24 varas con tres habitaciones. Una de estas se le dio al capitán de milicias de este pueblo en calidad de empréstito, la otra se la tomó el mismo capitán con pretexto que sirve para prisión de soldados” y, la tercera, la destinó para pasajeros y bodega. De esa cuenta, los individuos del Cabildo debían trabajar en el corredor, donde estaban las mesas y escaños.
Así que solicitaron a la Audiencia que, ya que había sido construida con dinero y trabajo de los indígenas, era justo que se les permitiera el uso, para utilizar las habitaciones como sala capitular para regidores, indígenas y ladinos.
El entonces gobernador, Gabino Gaínza, ordenó, en agosto de 1821, que el comandante se trasladara a la vivienda del alcalde mayor, denominada en ese momento Casa Real y que se fabricara un cuartel de bajareque para almacenar las armas (A1, legajo 384, expediente 8004). El documento no indica si esta vivienda estaba a un costado o en la esquina de enfrente. Probablemente, era una construcción al lado, en la misma manzana.
No se localizaron más referencias sobre la edificación, hasta 1862, cuando se produjo un incendio, donde había parque almacenado. En esa época, el edificio era conocido como el Palacio (B, legajo 28588, expediente 89, folio 1).
El mismo año, se reportó otro sismo que afectó la población (B, legajo 28588, expediente 84, folio 1). Dos años después, se recibió con júbilo al entonces presidente, Rafael Carrera (B, legajo 28596, expediente 117, folio 1).
En 1880 se reportó que las autoridades políticas tenían su propio edificio (Gall, 2000: 162). En 1920 se inauguró un nuevo corredor (Diario de Centro América, 19 de septiembre de 1920, página 3). A principios del siglo XX, el edificio fue fotografiado y consistía en una estructura de arquitectura tradicional, de mampostería revestida de estuco, con techo a dos aguas, de teja.  El rasgo más importante era el portal.
Consistía en una galería cubierta con los mismos materiales ya descritos, pero apoyados en pie derechos, con zapatas que formaban arcos rebajados. Cada pie derecho constaba de su base de piedra y columna de madera.
A esto se añadieron tres arcos de mampostería, uno en cada extremo de la galería y uno más marcando el eje central de la estructura. Es probable que la modificación de 1920 consistiera en la renovación de la madera y la colocación del arco central. A mediados del siglo XX se hizo una añadidura a este arco central. Se levantaron dos cuerpos sobre el arco.
El primero consistió en un edículo flanqueado por dos arcos ojivales. El segundo, repetía el motivo, pero en el centro se encontraba un reloj. Para rematar, la obra contaba con un chapitel (elemento de extremo anguloso).

La población conoció esta parte de portal como la torre del reloj. En 1953, se produjo un intento de derrocar al presidente Jacobo Árbenz, en el que un grupo de habitantes tomó el palacio de Gobernación por unas horas.
El movimiento fue desbaratado en poco tiempo, con tropas enviadas desde Cobán (Nuestro Diario, 24 de abril de 1953, página 1; 9 de junio de 1953, página 8; 5 de junio de 1953, página 13; 24 de agosto de 1953, página 7; Noticias de Guatemala, 2 de marzo de 1954, página 4; Ramírez, 1999: 32).
Los implicados fueron encarcelados. El gobierno acusó a la United Fruit Company de haber entregado US $65 mil a los participantes, entre los que estaban el líder estudiantil Mario Sandoval; los coroneles Herlindo Solórzano, Guillermo Flores Avendaño y Alfredo Castañeda, así como los políticos Juan Córdova Cerna, Carlos Simons, Luis Valladares Aycinena y Ramiro Flores (Nuestro Diario, 29 de abril de 1953, página 2). Los habitantes conocen el suceso como el Salamatecazo. Algunos prisioneros quedaron en Salamá.
Cuando cayó el gobierno de Árbenz, en 1954, subió al poder Carlos Castillo Armas. El nuevo mandatario ordenó la demolición de la cárcel donde estuvieron prisioneros sus aliados, por lo que el antiguo edificio, probablemente el construido en 1817 y remodelado en 1920, fue destruido. Con uso de tractores la obra de mampostería desapareció.
La demolición empezó en 1954 (Boteo, 2011: 21) y fue concluida en 1960 (entrevista a Walter Boteo, 25 de septiembre de 2014). En una foto publicada en 1960 (Sandoval, 1960: 19), aún existía la torre, aunque se había demolido ya toda la construcción pues se estaba edificando la nueva destinada a albergar la Gobernación Departamental y la Municipalidad, encontrándose a nivel de los cimientos (Sandoval, 1960: 11, 14).
De acuerdo al funcionario municipal Jaime Moisés Gómez Moya, el edificio fue concluido en 1967. Se erigió una torre para albergar el reloj, que estuvo en funcionamiento hasta 2008. Se reparó en 2012, pero volvió a fallar (entrevista 25 de septiembre de 2014). Efectivamente, en una publicación de 1967 la construcción fue fotografiada ya concluida (Ramos, 1967: 25).
La obra fue descrita: “En este año 1968, tenemos algo qué describir someramente sobre los edificios públicos con que ya cuenta Salamá, y que son: la Municipalidad y Gobernación, que constituyen dos edificios modernos que se encuentran situados en el ala sur del parque central Justo Rufino Barrios” (Mejía, 1968: 37). Similar fue otra descripción de 1971:“Salamá cuenta con varios edificios públicos y los más nuevos y modernos son: el de la Municipalidad y Gobernación” (Alvarado, 1971: 4).
La parte sur del predio fue utilizada para otras dependencias estatales. En 1973, el servicio telefónico era proporcionado por la estatal Empresa Guatemalteca de Telecomunicaciones, Guatel, y contaba con una planta de conmutadores, que se amplió en 1974 (Gall, 2000: 161). Así, la esquina sur poniente fue destinada a la instalación de las oficinas y equipo de Guatel (Cfr. Conde, 1989: 30).
Cuando esta empresa fue privatizada, en 1998, las instalaciones pasaron a Claro S. A. El último ángulo del predio fue utilizado como centro de diversión. En 1974, la primera dama de la Nación, Álida España de Arana, donó juegos mecánicos infantiles al municipio, por lo que se adecuó el predio al sur oriente del edificio municipal, se colocó una baranda y se pusieron al uso del público (Municipalidad, 1974: 5). Al parecer, las instalaciones sufrieron daños en 1976.
En la actualidad es parte de las instalaciones de la Gobernación Departamental. Las dependencias estatales alojadas en este complejo son referentes infaltables en la identidad salamateca, puesto que todos los ciudadanos realizan actividades en el inmueble que, por otra parte, presenta la influencia de la arquitectura funcionalista de su época de construcción.

Fuente: Revista Tradiciones de Guatemala, Centro de Estudios Folklóricos, Universidad San Carlos de Guatemala.